Profesionales, familias y estudiantes con autismo reclaman más apoyo, inversión e innovación en el sistema educativo español

Es la principal conclusión de la III Conferencia estatal sobre la situación actual de la educación del alumnado con autismo, organizada por Autismo España en colaboración con la Fundación Reina Sofía. A lo largo de tres jornadas, expertos nacionales e internacionales, estudiantes con autismo, familiares y profesionales de la educación han analizado el impacto de la COVID-19 y los retos del sistema educativo para afrontar sus consecuencias:

Más apoyo, inversión e innovación. III Conferencia estatal sobre la situación actual de la educación del alumnado con autismo

 

TERAPIAS FAMILIARES. EL JUEGO, UN INSTRUMENTO PODEROSO II

Continuamos trabajando la importancia del juego para el desarrollo cognitivo, social y emocional de los niños y niñas, en esta ocasión poniendo el énfasis en el uso del lenguaje. Se comenta durante la terapia familiar que mientras juegan, los chicos y chicas mantienen la “mente abierta” y aprenden prácticamente sin esfuerzo y divirtiéndose, fomentando la creatividad, la imaginación y la curiosidad. Además, durante el juego, el error se vive como parte de la propia dinámica lúdica y podemos aprovechar para fomentar una actitud positiva ante la equivocación, volver a intentarlo con ganas de hacerlo bien. Mientras están jugando, generalmente, quieren que todo les salga bien y, por tanto, preguntan, se comunican o, por ejemplo, nos llevan la mano para ayudarles a hacer algo que a ellos/as les está costando. Al disfrutar jugando, aunque la actividad les cueste, son capaces de mantener la atención por más tiempo y esforzarse por entender y comunicarse de forma activa.

Durante el juego existe una retroalimentación propia y del compañero/a. La propia es aquella que nos dice cómo estamos con respecto al juego, por ejemplo, si me quedan muchas o pocas casillas para llegar a la meta, si a mi compañero/a le quedan más o menos que a mí, etc. La retroalimentación de la otra persona es aquella que me llega como respuesta después de yo haber hecho alguna cosa. Ambas permiten que los/as niños/as estén siempre “presentes” e interactuando con los demás.  Asimismo, se entiende que el juego es emoción pura y sabemos que es mucho más fácil aprender si hay emoción y, así, durante el juego, tenemos la oportunidad de enseñar las emociones porque las viven en primera persona, pero también porque jugando las amplifican o las simulan o las perciben en los demás (juegos de rol o simbólicos).

La elección del juego tiene que ver con los intereses del niño/a, pero se pueden tener en cuenta otros aspectos:

  • Primero, que sea divertido porque, aunque después vengan los aprendizajes, la dinámica tiene que ser entretenida y amena y hacernos pasar un rato alegre y distendido.
  • Segundo, que el juego sea acorde con la edad. En este punto nos guiamos por las indicaciones de los fabricantes, pero es importante que seamos los padres y las madres los que tengamos en cuenta las habilidades y destrezas de los/as niños/as para no correr el riesgo de que se pase por alto alguna etapa de juego.
  • Tercero, los juegos o juguetes deben ser estimuladores de cualquier área de aprendizaje: de las ganas de mirar, de tocar, de investigar, de imaginar, de colocar, de sentir, de moverse, de hablar… Es importante la variedad de juegos, cuanta más variedad mejor, pero esto no quiere decir que se necesiten muchos juguetes porque el exceso puede confundirles y quitarles las ganas de usarlos. Hay que tener un repertorio rico de juegos y de juguetes en cuanto a las áreas a estimular: sensoriales, de movimiento, de mesa, de comunicación, etc.
  • Cuarto: deben ser juegos o juguetes que propicien la interacción. Durante el juego los/as niños/as pueden realizar aprendizajes importantes para la vida y muy difíciles de adquirir en un entorno natural: aprender a oponerse, a negociar, a esperar el turno, a ganar, a perder, a superarse…
  • Y por último que sean juegos o juguetes con certificados de calidad homologados (Marcado CE), que cumplan con la función para la que han sido creados aunque les demos otras aplicaciones y sin riesgos asociados para el/la niño/a (no tóxicos, sin riesgos de asfixia por desprendimiento de piezas pequeñas, higiénicos, propiedades eléctricas reguladas, sin riesgo de inflamabilidad, etc.)

¿Cómo evolucionan los juegos en función de las etapas de desarrollo? Lo importante es entender que en la mente del niño/a el juego es algo que evoluciona, pero que no se interrumpe o desaparece, sino que sumamos juegos. En las primeras etapas, lo primero que aparece es un juego relacionado con el movimiento, el desplazamiento, la manipulación y lo sensorial. Después surgen los juegos que tienen más que ver con lo simbólico, pero entre un tipo de juego y otro aparecen los juegos de construcción. Estos mantienen un poco de manipulación y un poco de simbolización ya que tienen que hacerse una imagen mental de algo que se vaya a construir y que antes no existía (puzzles, collares, torres de cubos, etc.). Por último aparecerían los juegos de reglas donde las normas están “escritas”. Es importante, por tanto, fomentar y desarrollar el juego en función de las etapas de desarrollo.

El juego educativo es aquel que contribuye a la educación del/la niño/a ampliando su relación con el mundo que le rodea (una muñeca, un puzzle, una bicicleta, un partido de fútbol…) y el didáctico es aquel que está diseñado con un objetivo de aprendizaje concreto (un puzzle abecedario, baraja de cartas de vocabulario…) Ninguno es mejor que otro. Todos los juegos serán positivos porque facilitarán aprendizajes diferentes. Lo importante es cómo presentamos los juegos o los juguetes y qué valores queremos transmitir con los mimos. Por ejemplo, cuando introducimos la competitividad en un juego pierde la esencia de juego, es recomendable no introducir valores como la competitividad en niños/as que aún no son capaces de comprender lo que es la competencia.

Actualmente está muy de moda el término “gamificación”. Se trata de tomar elementos concretos de juegos que son muy atractivos para los/as niños/as y llevarlos a entornos de aprendizaje distintos. Comentamos que esto si se hace bien es estupendo pero que hay que tener cuidado porque, por ejemplo, si tomamos exclusivamente de un juego los puntos, las clasificaciones, los niveles… podemos estar transmitiendo valores que no son los que inicialmente pretendíamos. Además puede originar frustraciones y sentimientos muy alejados de la esencia de juego. Como ejemplo de un buen empleo de ludificación se podía, por ejemplo, plantear un aprendizaje como un reto, utilizar la narrativa (los cuentos) para lanzar aprendizajes, etcétera.

Por último destacar la importancia de que los adultos mantengamos una actitud lúdica, siendo ejemplos a imitar (acordaros del modelado) y catalizadores de actitudes lúdicas y de tiempo de juego en familia. Para ello se destacan algunas cuestiones importantes:

  • Los adultos tenemos que sentirnos libres durante el juego, eliminar las vergüenzas, el miedo a hacerlo mal, a hacer el ridículo, a recuperar ese niño/a que todos llevamos dentro, etc.
  • Debemos estar en el presente. Eso quiere decir que si nos sentamos a jugar con nuestros/as hijos/as debemos aparcar otras cosas: fuera móviles, malos rollos adultos y otras distracciones.
  • Tener iniciativa: proponer juegos, actividades, dinámicas lúdicas, cantar, bailar, saltar… todo esto nos ayudará, además, a desestresarnos y a salir de nuestra rigidez cotidiana como adultos.
  • Arriesgarnos a no hacerlo bien y dar ejemplo de una actitud de “volverlo a intentar” con ilusión, porque quiero que me salga esta vez bien (entender la dificultad como un reto).
  • Asombrarnos de las cosas, tener curiosidad, mostrar entusiasmo.
  • Creatividad, mente abierta.
  • Disfrutar de las pequeñas cosas y mostrarlo sin pudor.
  • Tolerar la incertidumbre: proponer actividades sin saber el resultado final. Es importante que si las cosas no salen como esperábamos (por ejemplo hemos puesto mucho empeño en preparar una actividad que nuestro hijo/a nos ha rechazado), no nos frustremos. Debemos intentar aparcar lo que sea y pasar a otra cosa con alegría (los niños/as tienen su tiempo y quizás más adelante, aquello que hoy rechazaron, mañana lo acepten).

Como reflexión final a este apartado de la terapia se comentó que la actitud lúdica nos debería acompañar en la vida diaria e integrarla en muchos momentos del día como estrategia de afrontamiento de diferentes situaciones.

En el siguiente artículo continuaremos explicando más temas que se plantearon en esta terapia que dió para mucho más. ¡El juego es lo que tiene!

La Federación Española de Municipios y Provincias y Autismo España impulsan la accesibilidad cognitiva en todos los municipios españoles

Algunos entornos, bienes y servicios no son accesibles para las personas que presentan necesidades de apoyo de tipo cognitivo, como son las personas con Trastorno del Espectro del Autismo (TEA). Las barreras cognitivas dificultan que estos entornos o recursos sean compresibles y todas las personas pueden acceder y disfrutar de los mismos de manera autónoma, eficiente y segura, y en igualdad de condiciones.  En este sentido, y con el objetivo de promover la accesibilidad cognitiva en los espacios públicos y favorecer la implementación de medidas que lo hagan posible, la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP) y la Confederación Autismo España han explorado diversas vías de colaboración. Dejamos el enlace a la noticia de la Confederación Autismo España:

Accesibilidad cognitiva

Día internacional de la Discapacidad – 3 de diciembre

El Comité Español de Representantes de Personas con Discapacidad (CERMI) y la Fundación CERMI Mujeres (FCM) exigen que las personas con discapacidad estén presentes en la reconstrucción social y económica ya que consideran son uno de los grupos sociales “más castigados” por esta pandemia, colocándoles en una “posición de fragilidad extrema” ante una emergencia sanitaria de estas proporciones.

https://www.cermi.es/es/actualidad/novedades/manifiesto-del-cermi-con-motivo-del-3-de-diciembre-de-2020-d%C3%ADa-internacional-y

 

TERAPIAS FAMILIARES. EL JUEGO, UN INSTRUMENTO PODEROSO

Entretenimiento, diversión, aprendizaje, compañía, socialización, estimulación, posibilidad de conocerse y conocer a los demás, regular el estrés, la ocasión de ponerse en otro rol… Todos estos aspectos son los destacados por las familias que asisten a la terapia en relación al juego. La actividad lúdica permite conocer el mundo que nos rodea y desarrollar habilidades cognitivas, sociales y emocionales que serán muy útiles a lo largo de toda la vida, así como resolver dificultades en competencias de diversa índole. El juego es un potente medio de aprendizaje que cumple un papel fundamental en las siguientes áreas:

  • Cognitivo: observación, atención, memoria, concentración, imitación, inteligencia, creatividad, resolución de problemas.
  • Lenguaje: estimula la comunicación y el intercambio verbal y no verbal.
  • Social: incita a relacionarse de forma positiva, respetando las normas y las reglas básicas de funcionamiento.
  • Afectivo: anima a expresarse y descargar tensiones, afrontar temores y frustraciones, explorar intereses y motivaciones e incide positivamente en la autoestima.
  • Sensorial: integración sensorial, tolerancia al contacto corporal y mejora del sentido del tacto.
  • Motor: optimiza la motricidad gruesa (equilibrio, coordinación) y la motricidad fina (prensión táctil, agarre, grafía, precisión manual).

A la hora de proponer juegos con personas con TEA, las familias expresan que suelen presentarse ciertas dificultades:

  • Primero la comunicación: entender bien de qué va el juego, cuáles son las reglas y normas, los roles de cada uno de los jugadores/as, si hay equipos y con cuál se va, el uso de las herramientas básicas (tablero, dado, fichas de colores, pelotas, bolos, etc.)
  • Segundo la motivación para jugar: que le guste el juego, que no se aburra, que lo disfrute, que sea un juego no virtual o diferente a sus intereses personales.
  • Tercero la frustración: llevar mal o muy mal el perder en un juego, es decir, los juegos competitivos, sostener la partida hasta que se acabe, promover cambios constantes de juego.
  • Cuarto la actividad física: rechazar los juegos que impliquen la actividad física por dificultades con la motricidad (fina o gruesa)

A algunos padres y madres les genera estrés y frustración iniciar un momento de juego con sus hijos/as por todas estas dificultades, aunque destacan la gran variabilidad de preferencias de juego en los chicos y chicas: algunos prefieren juegos simbólicos, donde dar rienda suelta a su creatividad, imaginación, mientras que otros prefieren juegos de reglas como los de mesa o incluso de interacción con otros o más en solitario. Si analizamos porqué prefieren y/o rechazan juegos concretos encontramos que a veces:

  • No comprenden los juegos de mesa y sus reglas por lo cual  les resultan más complicados y los rechazan para evitar hacerlo mal o incluso perder.
  • Otras veces prefieren juegos en solitario porque les resulta más fácil desarrollarlos, no tienen que ajustarse a las preferencias de otros, negociar, flexibilizar y aceptar otras ideas u opciones de juego.
  • Dadas ciertas dificultades físicas, y el que son conscientes de ellas, la mayoría de las personas con TEA rechazan los juegos con actividad física, prefieren no tener que exponerse a hacerlo mal, perder, verse torpes y terminan rechazando ese tipo de juegos, a veces asegurando sutilmente que les son aburridos o que son “de niños pequeños”.

Hay multitud de tipologías de juegos que suelen brindar amplias posibilidades de adaptación y flexibilización para ir trabajando las resistencias y la diversidad en la actividad lúdica familiar, sobretodo juegos tradicionales que hay que recuperar e integrar en las dinámicas habituales:

  • Interacción: juegos de imitación, cucu-tras, pilla-pilla, pollito inglés, lanzar el balón, juegos de manos, bailar, imitación con modelos…

Enseña: a clasificar, comparar, seriar y a entender mejor los conceptos de tamaño, forma, a usar el lenguaje y a comunicarse. También facilita el aprendizaje sobre cómo relacionarse y el respeto a las normas y reglas.

  • Funcional: relacionado con las capacidades motrices, uso correcto del juguete, hacer pompas, usar la raqueta, activar diferentes mecanismos como camiones, coches…

Enseña: a observar, atender, memorizar, concentrarse, imitar. Mejora la motricidad gruesa, el equilibrio, la coordinación y la motricidad fina: prensión táctil, agarre, grafía, precisión manual, así como la manipulación de diferentes juguetes.

  • Sensoriales: hacer masajes, rodar por el suelo, en una colchoneta, andar con zancos, descubrir objetos con el tacto o con caja sensorial, jugar con espuma, pintura de dedos…

Enseña: la experimentación y aceptación del contacto con diferentes texturas, la tolerancia al contacto corporal, de la mano, agarre. Ayuda a la integración sensorial y mejora el sentido del tacto, el olfato, etc.

  • De reglas: juegos de mesa, Twist, ahorcado, damas, Monopoly…

Enseña: el aprendizaje de la causa-efecto de los actos, la espera del turno, la aceptación ganar/perder, la estimulación de las habilidades cognitivas, la incorporación de estrategias, el fomento de la creatividad, percibir las intenciones del otro, afianzar las relaciones interpersonales conociendo los caracteres, aumentar la confianza en uno/a mismo/a.

  • Simbólico: juegos de rol, compras, casitas, simular coches con legos, instrumentos musicales con objetos diferentes, teatro y representaciones…

Enseña: a relacionarse y a expresarse, las convenciones sociales, el respeto a los turnos, las normas y reglas, el saber expresarse. Facilita el descargar tensiones, expresar temores y frustraciones, incide en la autoestima, la inteligencia y la creatividad.

Durante la terapia familia se incide en que una misma actividad lúdica puede reforzar y mejorar diferentes áreas al mismo tiempo, aclarando la importancia de:

  • Elegir el juego según los intereses y necesidades de la persona con TEA, no tanto por la edad, incluyendo a otros miembros de la familia tanto en la negociación o en la toma de decisiones como en la práctica lúdica. Si es necesario, utilizar explicaciones visuales o pictogramas que faciliten la comprensión de las indicaciones del juego. Proponer actividades lúdicas que les hagan centrarse en la persona, más que en el objeto y, por ejemplo, a la hora de contar un cuento explicárselo con tus propias palabras en vez de leérselo, que puede aburrirles más.
  • Al mismo tiempo, animarles y motivarles a probar y aprender otros juegos nuevos que amplíen sus posibilidades de aprendizaje, apoyándoles para que se enfrenten y mejoren las dificultades y aprendan a ser autónomos. Centrarles más en el esfuerzo que en el resultado, ayudándoles a tener una actitud deportiva y a saber perder, cuestión que mejorará su autoestima y la gestión de la frustración.
  • Resaltar el momento de juego como un espacio para disfrutar y compartir que posibilita una experiencia de comunicación y conocimiento familiar, además del aprendizaje.
  • Como familia, predisponernos al disfrute sin prejuicios previos sobre lo complicado que puede ser motivarlos, sostener el juego o manejar las dificultades que puedan surgir.

Para finalizar la terapia y, teniendo en cuenta que se continuará trabajando este aspecto del juego, se emplaza a los miembros de las familias a pensar en aquel juego en su infancia y adolescencia que les gustaba especialmente y pensar, para compartir, porqué lo eligieron, qué les enseñó en su momento y si lo han puesto en práctica con sus hijos/as.