TERAPIAS FAMILIARES. EL JUEGO, UN INSTRUMENTO PODEROSO

Entretenimiento, diversión, aprendizaje, compañía, socialización, estimulación, posibilidad de conocerse y conocer a los demás, regular el estrés, la ocasión de ponerse en otro rol… Todos estos aspectos son los destacados por las familias que asisten a la terapia en relación al juego. La actividad lúdica permite conocer el mundo que nos rodea y desarrollar habilidades cognitivas, sociales y emocionales que serán muy útiles a lo largo de toda la vida, así como resolver dificultades en competencias de diversa índole. El juego es un potente medio de aprendizaje que cumple un papel fundamental en las siguientes áreas:

  • Cognitivo: observación, atención, memoria, concentración, imitación, inteligencia, creatividad, resolución de problemas.
  • Lenguaje: estimula la comunicación y el intercambio verbal y no verbal.
  • Social: incita a relacionarse de forma positiva, respetando las normas y las reglas básicas de funcionamiento.
  • Afectivo: anima a expresarse y descargar tensiones, afrontar temores y frustraciones, explorar intereses y motivaciones e incide positivamente en la autoestima.
  • Sensorial: integración sensorial, tolerancia al contacto corporal y mejora del sentido del tacto.
  • Motor: optimiza la motricidad gruesa (equilibrio, coordinación) y la motricidad fina (prensión táctil, agarre, grafía, precisión manual).

A la hora de proponer juegos con personas con TEA, las familias expresan que suelen presentarse ciertas dificultades:

  • Primero la comunicación: entender bien de qué va el juego, cuáles son las reglas y normas, los roles de cada uno de los jugadores/as, si hay equipos y con cuál se va, el uso de las herramientas básicas (tablero, dado, fichas de colores, pelotas, bolos, etc.)
  • Segundo la motivación para jugar: que le guste el juego, que no se aburra, que lo disfrute, que sea un juego no virtual o diferente a sus intereses personales.
  • Tercero la frustración: llevar mal o muy mal el perder en un juego, es decir, los juegos competitivos, sostener la partida hasta que se acabe, promover cambios constantes de juego.
  • Cuarto la actividad física: rechazar los juegos que impliquen la actividad física por dificultades con la motricidad (fina o gruesa)

A algunos padres y madres les genera estrés y frustración iniciar un momento de juego con sus hijos/as por todas estas dificultades, aunque destacan la gran variabilidad de preferencias de juego en los chicos y chicas: algunos prefieren juegos simbólicos, donde dar rienda suelta a su creatividad, imaginación, mientras que otros prefieren juegos de reglas como los de mesa o incluso de interacción con otros o más en solitario. Si analizamos porqué prefieren y/o rechazan juegos concretos encontramos que a veces:

  • No comprenden los juegos de mesa y sus reglas por lo cual  les resultan más complicados y los rechazan para evitar hacerlo mal o incluso perder.
  • Otras veces prefieren juegos en solitario porque les resulta más fácil desarrollarlos, no tienen que ajustarse a las preferencias de otros, negociar, flexibilizar y aceptar otras ideas u opciones de juego.
  • Dadas ciertas dificultades físicas, y el que son conscientes de ellas, la mayoría de las personas con TEA rechazan los juegos con actividad física, prefieren no tener que exponerse a hacerlo mal, perder, verse torpes y terminan rechazando ese tipo de juegos, a veces asegurando sutilmente que les son aburridos o que son “de niños pequeños”.

Hay multitud de tipologías de juegos que suelen brindar amplias posibilidades de adaptación y flexibilización para ir trabajando las resistencias y la diversidad en la actividad lúdica familiar, sobretodo juegos tradicionales que hay que recuperar e integrar en las dinámicas habituales:

  • Interacción: juegos de imitación, cucu-tras, pilla-pilla, pollito inglés, lanzar el balón, juegos de manos, bailar, imitación con modelos…

Enseña: a clasificar, comparar, seriar y a entender mejor los conceptos de tamaño, forma, a usar el lenguaje y a comunicarse. También facilita el aprendizaje sobre cómo relacionarse y el respeto a las normas y reglas.

  • Funcional: relacionado con las capacidades motrices, uso correcto del juguete, hacer pompas, usar la raqueta, activar diferentes mecanismos como camiones, coches…

Enseña: a observar, atender, memorizar, concentrarse, imitar. Mejora la motricidad gruesa, el equilibrio, la coordinación y la motricidad fina: prensión táctil, agarre, grafía, precisión manual, así como la manipulación de diferentes juguetes.

  • Sensoriales: hacer masajes, rodar por el suelo, en una colchoneta, andar con zancos, descubrir objetos con el tacto o con caja sensorial, jugar con espuma, pintura de dedos…

Enseña: la experimentación y aceptación del contacto con diferentes texturas, la tolerancia al contacto corporal, de la mano, agarre. Ayuda a la integración sensorial y mejora el sentido del tacto, el olfato, etc.

  • De reglas: juegos de mesa, Twist, ahorcado, damas, Monopoly…

Enseña: el aprendizaje de la causa-efecto de los actos, la espera del turno, la aceptación ganar/perder, la estimulación de las habilidades cognitivas, la incorporación de estrategias, el fomento de la creatividad, percibir las intenciones del otro, afianzar las relaciones interpersonales conociendo los caracteres, aumentar la confianza en uno/a mismo/a.

  • Simbólico: juegos de rol, compras, casitas, simular coches con legos, instrumentos musicales con objetos diferentes, teatro y representaciones…

Enseña: a relacionarse y a expresarse, las convenciones sociales, el respeto a los turnos, las normas y reglas, el saber expresarse. Facilita el descargar tensiones, expresar temores y frustraciones, incide en la autoestima, la inteligencia y la creatividad.

Durante la terapia familia se incide en que una misma actividad lúdica puede reforzar y mejorar diferentes áreas al mismo tiempo, aclarando la importancia de:

  • Elegir el juego según los intereses y necesidades de la persona con TEA, no tanto por la edad, incluyendo a otros miembros de la familia tanto en la negociación o en la toma de decisiones como en la práctica lúdica. Si es necesario, utilizar explicaciones visuales o pictogramas que faciliten la comprensión de las indicaciones del juego. Proponer actividades lúdicas que les hagan centrarse en la persona, más que en el objeto y, por ejemplo, a la hora de contar un cuento explicárselo con tus propias palabras en vez de leérselo, que puede aburrirles más.
  • Al mismo tiempo, animarles y motivarles a probar y aprender otros juegos nuevos que amplíen sus posibilidades de aprendizaje, apoyándoles para que se enfrenten y mejoren las dificultades y aprendan a ser autónomos. Centrarles más en el esfuerzo que en el resultado, ayudándoles a tener una actitud deportiva y a saber perder, cuestión que mejorará su autoestima y la gestión de la frustración.
  • Resaltar el momento de juego como un espacio para disfrutar y compartir que posibilita una experiencia de comunicación y conocimiento familiar, además del aprendizaje.
  • Como familia, predisponernos al disfrute sin prejuicios previos sobre lo complicado que puede ser motivarlos, sostener el juego o manejar las dificultades que puedan surgir.

Para finalizar la terapia y, teniendo en cuenta que se continuará trabajando este aspecto del juego, se emplaza a los miembros de las familias a pensar en aquel juego en su infancia y adolescencia que les gustaba especialmente y pensar, para compartir, porqué lo eligieron, qué les enseñó en su momento y si lo han puesto en práctica con sus hijos/as.